¿Cómo pueden las emociones vividas en el útero materno, sanar las heridas de alma?

Araceli

1 de diciembre de 2023
¿Cómo pueden las emociones vividas en el útero materno, sanar las heridas de alma? En este post te lo contamos.
¿Cómo pueden las emociones vividas en el útero materno, sanar las heridas de alma?

Como ya he expresado en los artículos anteriores, venimos al mundo siendo esencia conectada a La Fuente, Dios, el Universo o como te resuene más a ti. Al fin y al cabo, son conceptos creados por el hombre para poder ponerle palabras. Pero cuando llegamos al mundo de la materia a través del portal del útero materno, puede ser que nuestra madre esté viviendo una vida que no sea la suya, quizá haya podido incorporar a algún ancestro de tu linaje materno o paterno y que, en un momento determinado de la historia, fue excluido, consciente o inconscientemente, del sistema familiar. También podría ocurrir que tu madre, viva disociada, para sobrevivir en el día a día con sus traumas, pudiera ser que tu nacimiento haya sido deseado, o no, puedes haber sido el resultado de una violación, tal vez tu madre te haya deseado con una intención en particular (que tu hermano no sea hijo único y tenga un hermano en quien apoyarse, que haya alguien el día de mañana que le cuide cuando sea anciana…) multitud de posibilidades. Pero como la ciencia ya ha demostrado, somos seres creados a imagen y semejanza de Dios o de una conciencia universal y eso demuestra que nosotros también somos creadores. A través de nuestras sensaciones, emociones y pensamientos creamos la realidad que vivimos.

Te voy a poner varios ejemplos para que puedas entender cómo esas vivencias en el útero materno producen sensaciones y emociones a las que les acabamos dando una interpretación. Si recuerdas mi artículo acerca de las emociones, expliqué que son e (energía) moción (en movimiento) y que cuando esta energía se bloquea nos produce malestar y para sobrellevarlo le acabamos dando una interpretación. Cuando este mecanismo de sensación-emoción-creencia -acción se repite, con el tiempo se convierte en una creencia nuclear arraigada en nuestro inconsciente. Esta creencia a su vez es la que nos impulsará a la acción comportándonos de una manera determinada a lo largo de nuestra vida.

 Empezaré con mi propio caso. Cuando hice la formación de TIC (técnica de integración cerebral), en una de las prácticas, quise trabajarme algo que me perturbaba en aquella época; que mis hijos no durmieran las horas que necesitaban me estresaba mucho. De hecho, ya había hablado con ellos intentando hacerles comprender cómo me sentía cuando no se acostaban a su hora. Incluso acordé delegar en mi marido la organización en el momento en el que los niños se acostaran porque me generaba mucho enfado y tristeza. Yo sabía que era una proyección mía de lo que estaba dentro de mí sin resolver, ya hablé de las neuronas espejo en otro artículo anterior y de su maravillosa función. De hecho, a mi esposo no le incomodaba nada que algunos días se acostaran un poco más tarde con tal de que no se fueran a la cama estresados o sin haber sido autónomos en sus rutinas. Estaba claro que era una algo mío.

Esta situación que podría parecer no tener gran relevancia o ser usual, me llevó, a través de la sensación sentida como hilo conductor a una regresión de varias escenas pasadas, desde mi adolescencia hasta mi infancia. Eran situaciones en las que yo no me permitía descansar y otras en las que no me dejaban descansar. Así, desde esta sensación, llegué a la primera vez que la había experimentado, a la “escena fundante”. Pude verme en el útero de mi madre sintiendo miedo y desconexión. Esto me llevó a la interpretación de que, si no había nadie ahí para mí, era porque yo no era querida.

Esa sensación e interpretación fue la mayor herida de mi alma y la llevé durante muchos años a lo largo de mi vida, buscando desesperadamente que me quisieran. Desde pequeña me he adaptado y he sido como los demás querían que fuese para sentirme querida. Complacía a todo el mundo, me ponía en el último lugar, hacía cosas por los otros que no me apetecían, etc. El vacío era tan grande que nunca se llenaba. Cuando trabajé las emociones que sentí en el útero materno, también las demás situaciones donde las volví a sentir a lo largo de mi vida y que me habían venido a la cabeza en la regresión porque estaban en la misma red neuronal, mi cerebro pudo integrarlas con otra interpretación diferente. Así es como mi manera de estar en el mundo ha cambiado por completo. Ahora puedo comprender el gran regalo de mi madre, pero sobre todo entender que ya tenía dentro de mí todo lo que andaba buscando fuera.

Otra de las heridas más significativa del alma, es la que da origen a nuestra personalidad, una coraza compuesta de mecanismos de defensa que nos ayuda a sobrevivir desde pequeños. Como expliqué en el artículo de Eneagrama, en el caso de mi eneatipo, mi herida se generó debido a la inseguridad, la incongruencia y la falta de estructura que tuve a lo largo de mi infancia, lo cual me hará buscar esa seguridad de adulta.

Otro caso con el que trabajé y se resolvió en pocas sesiones era el de unos padres preocupados porque su hija lloraba cuando la dejaban en el colegio. Cuando los padres decían de llevarla con los abuelos, también se entristecía diciendo que no quería separarse de ellos tanto tiempo. El caso es que los padres tenían que ausentarse dos días por temas médicos y no sabían cómo conseguir que su hija se quedara tranquila con los abuelos. Querían viajar con la seguridad de que la niña estaría bien. De nuevo, a través de la sensación sentida desde la última escena donde se sintió triste por tener que separarse de los padres le fui guiando atrás en el tiempo y pudo encontrar otras escenas a lo largo de su vida en las que se había sentido igual. Además de un duelo no resuelto por un cambio de colegio, pudo llegar al útero materno. Había sentido esa sensación por primera vez en el útero de su madre y la frase que expresó fue: “me siento abandonada”. Por eso, cada vez que la dejaban en el colegio, cuando la llevaban a un cumpleaños y luego la recogían, o si se quedaba con los abuelos, la emoción e interpretación inconsciente era la misma, por consiguiente, inconscientemente, vivía el abandono continuamente. Cuando liberó las emociones que vivió en el útero, el trauma, que siempre está en el hemisferio derecho, pudo integrarse a través de la conexión de los dos hemisferios. Como podéis imaginar, el día que los padres levantaron a la pequeña para recordarle que iba a pasar unos días con sus abuelos, la niña estaba feliz, preparando una bolsa con sus juguetes favoritos e impaciente de que los abuelos tocaran a la puerta. Cuando los padres llamaban por teléfono para ver si la niña seguía sintiéndose alegre, ella prefería seguir jugando en vez de conversar con los padres, incluso pidió quedarse a dormir con los abuelos un día más.

Como he podido comprobar, los traumas vividos a temprana edad pueden dejar una impronta trascendental, una fragmentación en nuestra alma que se grabará en nuestro ADN y que repetirá en el linaje hasta que alguien lo repare. La epigenética ha demostrado que el trauma y las emociones se heredan. Por suerte hoy en día, con las terapias holísticas y las terapias avanzadas, podemos recuperar la autoestima y la alegría de vivir, dejando un legado diferente en este mundo. 

Y si eres de los incrédulos que aún necesitan ver para creer, una sencilla bioresonancia antes y después de una reparación de este tipo, puede demostrarte los cambios a nivel hormonal, emocional e incluso en tu ADN.

Contenido relacionado

Círculo de mujeres

Círculo de mujeres

Llamadas a crear lazos   Las mujeres desde que nacemos estamos llamadas a crear lazos y formar vínculos. Nos...

leer más

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Etiquetas:
×