La primavera, renacer y resurgir de las cenizas como el fénix

Araceli

30 de marzo de 2024
El ser humano, desde su desconexión con su esencia, con la Tierra y con los seres y especies que la habitan, se ha visto separado de estos ciclos de muerte,renacer,luz y oscuridad y esto le ha llevado a grandes crisis existenciales. Entender que necesitan un acompañamiento para resolver esta etapa y las anteriores etapas de la infancia con éxito, es clave.

Las antiguas civilizaciones nos dejaron un hermoso legado de sabiduría para quienes tuvieran ojos para ver y oídos para escuchar, es decir, para los que se dejan sentir y permiten que a través de la intuición, les llegue la información. 

 

La primavera se asocia al renacer y florecer, la naturaleza despierta del letargo del invierno. Hay muchos símbolos plasmados a lo largo de la historia que nos recuerdan la ciclicidad de la muerte, vida, vida, muerte.

La lunación es cíclica, muere para renacer a través de las diferentes fases. La Tierra en su ciclicidad estacional nos lo muestra.

Igualmente que la ciclicidad de la mujer. A través del sangrado las mujeres, morimos para renacer acompañadas por la luna, que se refleja en las aguas internas de nuestro útero.

No es una casualidad que la fase premenstrual y menstrual sea cuando más intuitivas estamos y en la que más emociones no resueltas, afloran. Usar esta etapa para movilizarlas y resurgir de las cenizas o seguir en el hacer y estrés diario, como si fuese una molestia o una desgracia con la que cargar, depende de cada mujer. 

El ser humano nace y pasa por diferentes etapas hasta la muerte. El día renace con el sol que en la rueda de las direcciones se ubica en el Este, lugar del nacimiento y se pone por el oeste, lugar del ocaso, hasta cerrarse en la noche oscura que es el Norte. “La noche oscura del alma” es una metáfora que se utiliza para hablar de las grandes crisis que atravesamos para amanecer y despertar.

Todo en este mundo es cíclico y evoluciona a través de la muerte vida, vida muerte. La Tierra ha experimentado milenios de luz con humanos conscientes, a lo largo de miles de años en las grandes civilizaciones. Seres humanos plenos y conectados.

Después ha vivido milenios de oscuridad y desconexión y nuevamente está surgiendo un despertar y unir a la luz que nos hará crecer y evolucionar como especie, planeta y unidad, pues todos formamos parte de lo mismo.

El ave Fénix en Egipto, los niños de LLullaillaco ( que a mi parecer no fueron ningún sacrificio, en aquella era, el ser humano era mucho más consciente de su naturaleza). Las momias que han aparecido a través de las diferentes culturas, son las señales que  nos dejaron los ancestros para que  recordáramos este ciclo del renacer.

Cuando visité la necrópolis donde apareció la tumba de la Dama de Baza, esta sacerdotisa iniciada en Egipto por la escuela de Isis, considerada deidad en la Tierra por haber sabido unir el cielo con la Tierra, me sorprendió el mensaje tan contundente que dejó frente a su urna funeraria, esa preciosa escultura que guarda sus cenizas de aquella vida, tenía delante varias armas inutilizadas y dobladas.

Claramente entendí el mensaje: rendirse a lo que es, no luchar, aceptar lo que viene y transitarlo. Sabían por la ciclicidad natural, que llegaban  siglos de oscuridad y nos quisieron recordar que era necesario transitarla para poder poner luz y crecer como raza, porque es la manera en la que este Universo evoluciona.

¿Y Por qué comienzo el artículo con la muerte, el renacer y la primavera?

El ser humano, desde su desconexión con su esencia, con la Tierra y con los seres y especies que la habitan, se ha visto separado de estos ciclos de muerte,renacer,luz y oscuridad y esto le ha llevado a grandes crisis existenciales. Yo misma estoy cerrando ciclos y floreciendo a algo mucho más grande y hermoso. 

Los adolescentes son el claro ejemplo de una de las crisis vitales por las que todos pasamos, una crisis existencial de búsqueda de uno mismo que en muchos casos no se llega a resolver ni a cerrar ciclo, por el desconocimiento que conlleva. Por eso no es extraño hoy en día ver a personas de 50 años en plena etapa adolescente.

Entender que necesitan un acompañamiento para resolver esta etapa y las anteriores etapas de la infancia con éxito, es clave. Muchas de las personas que llegan a terapia, vienen luchando, sin saberlo.

Luchando porque inconscientemente no aceptan entrar en la oscuridad, tienen miedo de permitirse sentir, mirar hacia dentro y conectar con sus sombras. Vienen proyectando en los demás o en la vida y muchas más veces, disociados.

Algunos ya han empezado a romper con la creencia de que es casualidad lo que les acontece y que con un fármaco y el tiempo se sanará. Les hago entender que esas sombras son abundancia porque traen renacer y evolución, pero que hay que mirarlas, ponerles nombre, permitirse sentir y transitarlas.

Cuando hacemos consciente lo inconsciente, ponemos luz en la oscuridad, liberamos emociones densas y nos impregnamos de emociones que nos hacen vibrar en una frecuencia más elevada, desde ahí integramos un diálogo e interpretación más positivo que nos hace evolucionar como ser humano, eso es dejarse morir para renacer a algo nuevo.

A la vez, reparamos el cuerpo emocional, sanamos a través del cuerpo físico y traemos presencia a nuestro día a día. Todo lo que necesitamos ya está dentro de nosotros, solo que en los inicios, a veces viene bien un acompañamiento respetuoso de alguien que pueda entendernos, porque haya pasado por situaciones similares y las haya podido transitar con aceptación.

Extraer la medicina que nos traen las heridas, es un derecho y nuestra naturaleza. Esta medicina es lo más importante que sembraremos y cultivaremos aquí en la Tierra.

Aceptarnos, acogernos y permitirnos pedir ayuda, es darnos amor propio, tan importante dejarlo crecer en nosotros así como esparcirlo en los demás…

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