Mi niña interior

Araceli

1 de diciembre de 2023
Según el Análisis Transaccional, habitan en nosotros tres partes, un adulto, un niño y otra parte padre. Estas, las introyectamos en nuestra infancia de la familia, el sistema educativo, la cultura y la sociedad en la que nos toca vivir. En este post te contamos más sobre ello.

MI NIÑA INTERIOR

¡La mamá de antes era diferente! ¡Me decía mi hija de 7 años en una conversación conmigo!

Según el Análisis Transaccional, habitan en nosotros tres partes, un adulto, un niño y otra parte padre. Estas, las introyectamos en nuestra infancia de la familia, el sistema educativo, la cultura y la sociedad en la que nos toca vivir. Siempre estamos interactuando desde una de estas partes y a veces entre ellas hay conflictos internos.

La parte niña o niña interior, pasó por unas etapas en su infancia con unas necesidades relacionales que deberían haber sido satisfechas, para crecer sana y segura. Pero como en la inmensa mayoría de nosotros, muchas de ellas no fueron atendidas. Y tú me dirás, en mi caso sí, yo lo recuerdo. Bueno, yo decía lo mismo, hasta que aprendí que nuestra mente inconsciente ocupa más del 95% y menos del 5% restante es de lo que tenemos conciencia. También experimenté que las emociones están en la base de nuestros pensamientos y creencias, que nuestras creencias son las que nos impulsan a actuar de una manera determinada. Por lo tanto, no podemos cambiar creencias ni comportamientos si no cambiamos las emociones que se quedaron de base en las situaciones que vivimos en nuestra infancia.

Nuestros padres siempre lo han hecho en cada momento lo mejor que han sabido, manifestando el amor como les enseñaron y eso es algo que yo sé de primera mano, porque yo también lo hago lo mejor que puedo con mis hijos. Por eso hacia mis padres me sale honrarles, amarles, bendecirles y agradecerles inmensamente el haberme dado la vida, porque yo soy ellos y ellos están en mí.

También sé que cuanto más trabajo interior me hago, más presente puedo estar con mis hijos y mejor puedo conectar con su auténtico ser. Pero por desgracia, los padres y madres somos unos grandes desconocidos, primero de nosotros mismos y luego de toda la psicología que conlleva un niño.

Cuando se conocen las Leyes del Universo es más fácil de entender, “cómo es adentro es afuera”. En psicología hablamos con el término de “las neuronas espejo” nuestras grandes aliadas, que vienen a explicar la ciencia de esta Ley: las personas con las que interactuamos a diario nos hacen de espejo, gracias a estas neuronas espejo, podemos ver en los demás aquellas emociones y sentimientos no resueltos en nosotros. Hablando de manera sencilla, todo lo que no nos gusta o nos incomoda de los demás o de lo que vemos en el exterior, es porque está dentro de nosotros y nos duele. Como no nos gusta o es traumático, lo proyectamos hacia fuera culpando a los demás o nos quejamos de la vida y de lo que nos sucede, aunque la realidad sea neutra y cada persona la percibe de acuerdo a sus vivencias y creencias. La proyección es un mecanismo que todos tenemos para reprimir aquello que es doloroso y poder seguir con el día a día. Este mecanismo, de pequeños nos ayudó, porque en la infancia dependemos al cien por cien de nuestros padres y el dolor hubiera sido poco llevadero para un niño. Cuando hablo de dolor me refiero a traumas como humillaciones, no validar nuestros logros, no aceptarnos tal y como somos, querer que seamos diferentes, etc. etc. Pero ahora, de adultos, todo esto no resuelto nos está perjudicando, a nosotros y a los que nos rodean.

Y es que esos niños interiores se han quedado buscando en los demás aquello que les faltó en su infancia y seguirán pidiendo que se lo den hasta que los atendamos. Y si eres madre o padre puedes comprender lo siguiente: “nadie puede dar aquello que no tiene”. La epigenética ya ha demostrado que en nuestros genes llevamos una parte emocional que heredamos de nuestros ancestros. Sencillamente y con certeza, hoy sabemos que el trauma se hereda. Por lo tanto, si queremos ser felices y ver felices a nuestros hijos y a los que nos rodean, es importante entender que sanar a nuestro niño interior es una tarea pendiente en la mayoría de nosotros pero que tarde o temprano la vida nos obligará a considerarlo.

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