El sagrado femenino, la energía femenina y María Magdalena

Araceli

1 de diciembre de 2023
Si nuestra abuela no pudo ver a una hija (por ejemplo, porque está transitando un duelo de otro ser querido o porque a su vez no pudo ser vista por su madre), la madre tampoco podrá ver a su hija. Este “no ser visto” será un trauma que se repetirá en las siguientes generaciones hasta que alguien lo saque a la luz y lo sane. En este post hablaremos sobre ello.
María Magadalena

Si nuestra abuela no pudo ver a una hija (por ejemplo, porque está transitando un duelo de otro ser querido o porque a su vez no pudo ser vista por su madre), la madre tampoco podrá ver a su hija. El momento del embarazo y el parto son el magnífico vehículo para despertar estas memorias internas que estaban dormidas.

 Este “no ser visto” será un trauma que se repetirá en las siguientes generaciones hasta que alguien lo saque a la luz y lo sane. La manera en la que nuestra ADN activa estos genes ya lo expliqué en artículos anteriores, si estás interesado, hay muchos científicos y autores hoy en día, por ejemplo, Bruce Lipton. Un adulto con un niño interior que “no fue visto por su madre” puede tener de base, una sensación de ser invisible, no ser importante, sentir que no lo incluyen o tenido en cuenta o de creerse menos que los demás.

En el caso de la mujer, cuando no es vista por su madre, ella tampoco la honra y reconoce, así que su niña interior se apega a su padre, lo idealiza e intentará ser como el padre crea que debe de ser ella de acuerdo a las creencias, mandatos inconscientes y traumas del padre. La niña y luego mujer se adaptará a su padre buscando su reconocimiento a través de cosas como por ejemplo (formar una familia y tener hijos, estudiar algo que no está relacionado con tus dones, un trabajo que sienta que no es lo que deseas…) Distorsionará su parte masculina llevándola al extremo y olvidándose de ella misma. También esconderá su parte femenina y todo desde esa niña interior herida que se quedó esperando ese reconocimiento y ser vista por su padre.

Yo he podido ver a estas mujeres en consulta, cuando han podido hacer consciente todo lo que han sacrificado y cómo se han adaptado desde niñas para poder recibir el amor de los padres, nunca vuelven a ser las mismas ¡Qué tiemblen las personas de su familia y entorno porque estas mujeres van a hacer grandes cambios! Cuando comienzan a mirar sus propias necesidades, un mundo nuevo se abre a sus pies. El poner límites se hace más consciente, su soberanía propia comienza a emerger, porque se dan cuenta de que ellas son sus propias soberanas de que nada de lo que hay fuera les puede perturbar ni tampoco dar la felicidad. Simplemente hay que modificar lo de dentro, y para eso hay que empezar por mirarlo.

Puede ser que te preguntes qué es nuestra parte femenina. También existen numerosas autoras, libros, artículos, congresos, etc. Un buen referente de tantas puede ser Miranda Gray. Tanto hombres como mujeres tenemos una parte femenina que está relacionada con la intuición, el darse, el cuidado y el nutrir. El útero físico o energético es el gran contenedor creador de vida, proyectos, libros, etc. Lo femenino también es la calma y lleva un ritmo lento para conectar con nosotras mismas y con lo que nos rodea. Está asociado a mirar hacia dentro, a sentir las emociones y también con la sanación.

 

Esta parte femenina, en el mundo del masculino distorsionado en el que vivimos está apagada, escondida, en la mayoría de las mujeres, aunque ya ha empezado un resurgimiento, mujeres extenuadas han cogido este camino de recordar lo que son.

La parte masculina representa la energía de la acción. Si reflexionas, te darás cuenta de que pocos son los hombres que conectan con sus emociones internas, las miran, hablan de ellas o buscan el desarrollo personal y la sanación. Su parte femenina está totalmente oculta.

También podemos ver la cantidad de mujeres que están solamente en la energía masculina. El día a día de éstas, está centrado en el hacer y no son capaces de conectar con su interior, con sus emociones y necesidades, nutriéndose a ellas mismas y autocuidándose. Han olvidado que tienen un inmenso poder de regeneración de la energía y de autosanación.

Es sorprendente cómo nos hemos dejado arrastras por este masculino tan distorsionado que impera en nuestra sociedad. Por si fuera poco, nosotras mismas luchamos para intentar ser reconocidas por la sociedad en un mundo que es ultra masculino. Sería más sencillo y beneficioso para todos que mujeres y hombre comenzaran a sacar su parte femenina y poder equilibrar ambas energías. Muchas guerras, estructuras piramidales, sistemas de sometimiento, así como dictaduras llegarían a su fin.

Hubo una época en la Tierra en la que se criaba en tribu, se seguía el calendario lunar Maya y el ciclo de las mujeres iban en sintonía con la luna. En la luna nueva cuando más conectadas estaban a su intuición se retiraban juntas a menstruar y a sanar conectando con las heridas que ya no tocaban cargar y también con los seres de otros planos. Eran más intuitivas y podían hablar con los ancestros, con la esencia que habitaba en cada planta, animal o ser. Gracias a ellas tenemos la farmacología de hoy en día. Esta intuición era tan poderosa que se les tenía en cuenta a la hora de tomar decisiones en la tribu. Todos se reunían en círculo, lo cual simboliza que nadie es más que nadie, todos somos iguales. Aún quedan mujeres de estas en los pueblos primitivos, pero nosotros los llamamos no civilizados.

Durante miles de años, antes de que llegaran las religiones, la Diosa era femenina, la creadora de todo. El culto a la diosa fue único en cada uno de los continentes de este planeta. Tuvo muchos nombres, Madre Tierra, Isis, Adaetina, etc.  Las mujeres eran las sacerdotisas porque tenían un acceso directo con la divinidad con las altas esferas. Ellas estaban formadas en la sanación a través de rituales, aceites y plantas.Lo hacían permitiendo que la energía universal fluyera a través de ellas. Estas fueron las verdaderas brujas y no la que nos han querido mostrar a través de los cuentos como seres perversos y aterradores. La palabra bruja procede de la cultura celta y significa “mujer sabia”. De hecho, la bruja que volaba, simbolizaba a ese ser que lograba despegarse de todas sus limitaciones para trascender a un nivel superior.

Por lo tanto, la fase de la menstruación en la mujer ha sido y es muy poderosa, de hecho, las pinturas rupestres ya demuestran este culto a la diosa (En Altamira la cierva simboliza la diosa de la fertilidad) y siempre suele aparecer rodeada de animales masculinos porque en la integración de ambas energías está la clave. La sangre menstrual era sagrada usada en estas pinturas rupestres de estas épocas en las que los seres humanos vivíamos más conectados a nosotros mismos y al Todo. De hecho, no es sangre en sí, es el óvulo que se desprende de las paredes y este está formado por sustancias muy interesantes como por ejemplo células madre.

¿Y por qué puse a María Magdalena en el título de este artículo, te preguntarás?  Pues la verdad es que a través de ella ha llegado mucha sanación a mi árbol y quise ponerme a su servicio. Hace unas semanas estuve en el sur de Francia, en los lugares más importantes donde pasó el resto de su vida tras la crucifixión de Jesús, su compañero de vida. María Magdalena fue una auténtica sacerdotisa y bruja. Algo que interesó ocultar con ferocidad. Las cruzadas de siglos asesinando a millones de cátaros en estas regiones, los seguidores fervientes del mensaje del cristianismo puro que María Magdalena profesaba y las prácticas que ejercía, todo esto traía al a iglesia de cabeza. Tener el control de las masas a través de un dios masculino al que temer era su propósito, así como desvirtuar a la mujer y la feminidad era necesario. Pero hoy está emergiendo más que nunca este llamado femenino, a través de la frecuencia magdalénica, para que las mujeres comiencen a recordar y sanar para crear el mundo que deseamos. El mensaje que traía María Magdalena, Isis, Adaetina es el mismo que hoy en día todas las religiones dan, el mensaje del Amor. Pero el matiz está en que el camino comienza yendo hacia dentro, dándonos el amor a nosotros mismos, sanando las heridas del alma transmutándolas en medicina para el mundo. Somos creadores de realidad, soberanos de nosotros mismos y nuestro propósito como seres espirituales encarnados en un cuerpo físico es sacar la deidad que habita en cada uno de nosotros aquí en la Tierra. Ese es el significado de traer el cielo a la tierra. Ese era el mensaje original antes de desvirtuarlo. Pero lo que yo te cuento, tampoco has de creerlo, lo más importante es descubrirlo por ti mismo.

Para finalizar, me gusta incluir una práctica sencilla que acompañe a la información que doy en los artículos y que puedas llevar a cabo sin ayuda. Si eres de las mujeres que resuenan con “no fui vista por mi madre “te propongo sacar la bruja, maga, sacerdotisa que habita en ti y seguir estos pasos:

Busca un lugar tranquilo en silencio donde nada ni nadie te pueda molestar (en la naturaleza sería perfecto).

Prepara un pequeño altar, puede ser muy sencillo, sobre un trapito circular o un tapete redondo, o tal vez unas piedras formando círculo, déjate llevar por tu intuición. En el centro puedes poner una velita, flores, piedras, piñas, lo que te parezca adecuado.

Puedes escuchar una canción que sientas que te hace vibrar alto y que te conecta con el corazón para empezar a crear la sintonía adecuada. Si no sabes de ninguna, puedo recomendarte “Rose” de Ayla Schafer.

Mientras escuchas la canción déjate sentir, pon atención a tu interior y si viene cualquier pensamiento simplemente no te enganches, deja que se vaya.

Desde esta frecuencia de amor y con la mano en tu corazón, pide asistencia, a María Magdalena, Madre María, Jesús de Nazaret o a la frecuencia cósmica que tú sientas.

Déjate sentir y date cuenta de que ya están dentro de ti y contigo a la vez. Desde esa sensación de expansión vas a visualizar a tu abuela, a tu madre de niña y a ti de niña también. Estáis formando un círculo, tu mano izquierda está mirando hacia arriba recibiendo la de tu madre y tu derecha está hacia abajo dándole a tu abuela y tu abuela y tu madre a su vez dan y reciben de ti y entre ellas.

Déjate sentir en esa visualización, ahora date cuenta cómo mira tu abuela a tu madre a los ojos con una sonrisa y le dice: Te veo, te amo y te honro tal y como eres. Eres importante, eres esencia divina. Date cuenta cómo se funden en un abrazo.

Haz la misma visualización de tu madre hacia ti. Otra de ti hacia tu madre, y otra última de ti hacia tu abuela.

Si sientes que necesitan escucharse y decirse más cosas, desde el amor deja que el diálogo fluya. Cuando hayáis terminado, puedes cerrar el trabajo con otra canción. “Vuelvo al Amor” de Luna Santa es perfecta, o con la que tú desees. No olvides sentir gratitud y agradecer.

Me despido deseándote Buen Camino, te honro, te amo y te veo porque me veo.

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Categorías: Transgeneracional
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