Emoción: energía que pide movimiento

Araceli

1 de diciembre de 2023
La Psicología Energética o de las emociones, se encarga de ayudar a las personas a mover las emociones que se han quedado estancadas y que están generándoles malestar.
Emoción: energía que pide movimiento

Emoción, como su nombre indica, procede de “e” (energía) y “moción” (movimiento). Las emociones son energías que pide movimiento.

La Psicología Energética o de las emociones, disciplina en la que me he formado como terapeuta, se encarga de ayudar a las personas a mover las emociones que se han quedado estancadas y que están generándoles malestar.

Cuando somos pequeños, probamos emociones que nos conectan con creencias y estas creencias nos impulsan a tener comportamientos. Este círculo de emoción, creencia y comportamiento, a veces nos funciona en la vida, pero otras, no. Cuando no nos funciona, es decir, cuando generamos una emoción que no nos lleva a los resultados que esperamos, se convierte en una energía residual, la cual nos genera molestias. En el intento de darle salida a este malestar residual, le ponemos una interpretación, nos lo explicamos o le acabamos dando un significado. Si este círculo lo repetimos a lo largo de los años, se convierte en una creencia nuclear para nosotros y la seguiremos teniendo de adultos, aunque se generó en la infancia. El problema es que esta creencia que fue adaptativa para un niño, se convierte en limitante cuando somos adultos.

Os voy a poner un ejemplo real: Enrique es un niño de 9 años que gana una carrera porque destaca en atletismo y cuando llega a casa con el premio, lleno de alegría, se lo enseña a la madre esperando que ella le valide su éxito. Pero por el contrario, la madre reacciona diciendo: “ ¡Tanto esfuerzo para una camiseta y un diploma! Pues vaya, te tenían que haber dado al menos un chándal”. La emoción de alegría muta a frustración y tristeza en el niño, que no la expresa.

La alegría que el niño tenía, no le llevó a conseguir lo que esperaba (la validación de su logro por parte de la madre). El pequeño se queda con emociones residuales de frustración y tristeza que le generan malestar y, para poder sobrellevarlo, le acaba dando una interpretación: “mis logros no son valiosos” . Esta creencia limitante es inconsciente y le impulsa a auto-sabotearse para confirmarla, hasta su vida adulta. Cada vez que compite, se coloca en tercera línea de salida en vez de en primera y si gana hace de menos su logro o comenta que ha tenido suerte.

La Psicología Energética se basa en la kinesiología y en la medicina china. Esta última habla de que poseemos unos meridianos por los que se mueve esta energía en forma de emociones. Cada emoción está asociada a unos órganos en particular. Cuando las emociones se quedan estancadas y no fluyen, si no las liberamos, con el tiempo pueden somatizar en el cuerpo en forma de enfermedad. Por ejemplo, el miedo reprimido, somatizará como piedra en el riñón o el enfado no expresado, como piedra en la vesícula.

En mi caso, fue la tristeza la que me estaba ocasionando problemas.

En el primer año de mi formación como terapeuta en Psicología Energética, aprendí EFT: «técnica de liberación emocional» en español. Se basa en acupresiones o tapping en diferentes puntos de nuestro cuerpo. En estos puntos se ubican ciertas emociones, que a su vez están asociadas a unos órganos concretos.

Como estaba tan entusiasmada con todo lo que estaba descubriendo, las técnicas que aprendía, las iba poniendo en práctica en mí misma. Pues bien, mi intuición me decía que la mudanza que viví con 6 años me había dejado secuelas emocionales y duelos inconclusos. Con esta edad, yo vivía en un pueblo de apenas 1000 habitantes, por consiguiente, éramos muy poquitos niños en el colegio. Además, me sentía tranquila y segura con la maestra de parbulitos que tenía.

Cuando me mudé a Dúrcal, mi vida cambió por completo. No me sentía segura en un colegio tan grande y con tantos desconocidos. Además, la maestra que me tocó, era de las que pegaban coscorrones a los niños, que no aprendían al ritmo que ella deseaba. Esto me generaba miedo y más inseguridad. Yo no era de las alumnas que recibían este tipo de maltrato, pero sí me traumatizaba ver las agresiones hacia los demás. Eran situaciones que primero, me desbordaba emocionalmente, segundo, no las hablaba y tercero, las vivía en soledad, sin acompañamiento. (Estos tres factores son los que definen el trauma).

Todos los días entraba y salía llorando de la escuela y por ello, el psicólogo del colegio, recomendó a mis padres que compraran regalos y se los dieran a mi maestra a escondidas. Su idea era que ella me los ofreciera como suyos propios, simulando su aprecio hacia mí ¡Qué error pensar que los niños no se enteran de nada! Todo lo que los adultos planeaban me producía tal incongruencia que no podía más que desconfiar de ellos también. Ahora sé que hablar de la pesadilla que estaba viviendo, expresar mis emociones y sentimientos y acompañarme con empatía y sin juicio, hubiera sido la vía de escape de mi tristeza. Pero no fue así.

El caso es que al traer estos recuerdos de mi infancia de los 6 añitos a mi memoria y dejarme sentir, me hizo darme cuenta que tenían aún carga emocional en mí. Me percaté de los diferentes traumas asociados que se manifestaban como tristeza en mi cuerpo. Un duelo inconcluso, pues abandoné el que para mí era mi hogar y el desapego con mi maestra de parvulitos y con los amiguitos del cole.

 

Una semana necesité y el proceso lo llevé a cabo yo sola. Todos los días conectaba con estas emociones y las iba liberando con EFT.  También, mi yo adulta acompañaba a mi niña interior de 6 añitos, a través de meditaciones, que me llevaban al inconsciente, para decirle y darle lo que esa niña necesitaba en ese momento.

Como enseño en mi libro “Cuentos para aprender a liberar emociones” el cerebro no entiende de pasado ni futuro, él lo vive todo en presente. Si cierras los ojos y piensas en algo que te sucedió hace años o en algo que aún no ha sucedido, experimentarás las emociones en el instante presente, aquí y ahora, como una sensación sentida en el cuerpo.

Finalmente, todo concluyó con una sorprendente liberación de energía en forma de hemorragia nasal, la cual me duró 24 horas. Mi médico de cabecera no le podía dar explicación y preocupado, me recomendaba ir a urgencias.

No me apetecía conducir hasta Granada. Recordé lo que había aprendido de medicina china, busqué la hora a la cual el meridiano asociado al pulmón y vías respiratorias comienza a trabajar la tristeza, que es la emoción con la que están asociados ¡Qué coincidencia”! En la franja desde las 3pm hasta las 5pm. Justamente cuando me despertó el sangrado de mi nariz.

Efectivamente, llevaba treinta años con esa energía enquistada y mi cuerpo estuvo liberándola a través de la sangre como mecanismo de depuración y sanación. Esta fue la conclusión a la que llegué y que me pudo tranquilizar. Ahora, al recordar esos hechos de cuando tenía 6 años no me generan ningún malestar y tampoco tienen carga emocional.

Con el tiempo continué trabajándome con EFT mi fobia a las aves y multitud de cosas más con sorprendentes resultados.

La gente que me conoce sabe que soy deportista desde los 8 años, me gusta comer sano, recurro a la naturopatía y no tomo medicamentos si no es estrictamente necesario, medito a diario y salgo mucho a la naturaleza. Tuve suerte… o no. Nadie lo hubiera imaginado. Este trauma, con los años podría haber terminado somatizando como un cáncer de pulmón, si no lo hubiese liberado. Como en otros casos que ya he escuchado, la frase típica de la gente hubiera sido: “mira esta chica con todo lo que se cuidaba”.

 Y es que el cuidado profundo viene de un mirar hacia dentro, dejarse sentir las emociones y ver qué te están diciendo, para después soltarlas.

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Categorías: Emoción | Emociones
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