Dime cómo son tus relaciones y te diré cuál es tu tipo de apego

Araceli

1 de diciembre de 2023
El apego que desarrollaste de niño con tu madre o figura nutritiva, te ha dejado una impronta en la manera de relacionarte de adulto. En este post, tratamos mas a fondo sobre el apego.
apego

El apego que desarrollaste de niño con tu madre o figura nutritiva, te ha dejado una impronta en la manera de relacionarte de adulto.

Como estamos en el mes de febrero y próximos a la celebración del día de los enamorados, he decidido que este artículo trate sobre el apego en las relaciones. Y digo apego, porque el enamoramiento da para otro artículo, ya que, aunque es una fase de la relación que no dura más de tres años, tiene mucho de qué hablar.

Pero hoy quiero escribir sobre el apego porque somos seres relacionales, necesitamos relacionarnos con los demás y esto es algo inherente a nosotros. De hecho, es una herramienta que los bebés tienen para gestionar el estrés. Sorprendentemente, no nacemos con la capacidad de autorregulación. En los primeros años de vida, nos regulamos emocionalmente con nuestra madre. Imagina la importancia que tiene para un bebé, tener una madre emocionalmente estable y que haya aprendido a gestionar su estrés y sus emociones, alineando el cerebro reptiliano, el límbico y el neocórtex, de los cuales hablé en el artículo anterior.

En psicología hablamos de que desarrollamos dos tipos de apego, el seguro y el inseguro:

El apego seguro se da cuando las demandas del bebé se atienden perfectamente. Si la figura nutritiva comprende lo que necesita el pequeño en cada momento y es atendido con regularidad y de manera predecible. Si además es sensible y siempre está disponible, el niño crecerá con confianza en la vida. Expresará las emociones porque las reconocerá, sabrá reflexionar sobre sí mismo, se sentirá capaz y no le costará intimar en las relaciones.

Desgraciadamente este tipo de apego es casi nulo en nuestra sociedad, debido al estrés en el que nos vemos inmersos diariamente. Por otro lado, está la desinformación, a la hora de ser padres.

El apego inseguro se clasifica a su vez en apego inseguro ansioso, apego inseguro evitativo y apego inseguro desorganizado.

 Si recuerdas mi artículo sobre el Eneagrama, mencioné que era una teoría de la personalidad muy útil para el desarrollo personal y espiritual ya que nos desenmascara por completo. Pues bien, cada eneatipo tiene un tipo de apego de base y por ello existen relaciones entre las diferentes personalidades que van a ser más adaptativas y otras más conflictivas. Esto dependerá mucho de si se han trabajado en terapia y del desarrollo personal de cada uno.

No cabe duda de que lo que no nos dieron nuestros padres en la infancia, lo buscaremos de adultos en nuestras parejas. Impulsados por nuestro inconsciente, tenderemos a encontrarnos a alguien con la misma problemática de base que nosotros. Esta persona, a través de nuestras neuronas espejo nos reflejará lo que necesitamos resolver en nosotros. Y esto puede ser cualquier necesidad relacional como la de seguridad, la de ser visto, validado e importante, sentirse apoyado, que le expresen afecto, etc.  A partir de aquí, estará en tus manos coger esos reflejos, como una oportunidad para ser tu mejor versión, o por el contrario, para echar balones fuera y culpar a tu pareja de tus desgracias.

El apego inseguro evitativo se desarrolla cuando el bebé intenta apegarse, pero la madre es poco expresiva emocionalmente. Puede que se muestre rígida en el trato con el niño y que bloquee el acceso. En este caso, cuando el niño llora y lo atienden, se produce un desencuentro entre lo que necesita y lo que obtiene. Por ello el niño aprende a no mostrar sus necesidades e incluso puede mostrar rechazo.

De adultos, las personalidades con este tipo de apego tienen la creencia de “los demás no estará ahí para mí “ y esto les genera problemas a la hora de intimar en las  relaciones ya que tienden a evitarlas. En el fondo tiene miedo a volver ser vulnerables y esto hace que, aunque deseen relacionarse, desconfíen y busquen distancia a la vez.

Pueden ser dominantes y fríos, quieren conservar su independencia y autosuficiencia.

Por otro lado, el apego inseguro ansioso se da cuando hay contacto corporal pero baja implicación conductual por parte de la figura nutritiva. Suelen ser padres poco consistentes o poco regulares. Cuando el bebé intenta apegarse, pero a veces lo consigue y otras no. Esto le genera una emoción de ansiedad de base, estrés, necesidad de enganche o de aferrarse de nuevo.

De adultos sus relaciones van a ser parecidas, tienen mucha inseguridad y expresan mucho afecto porque están deseosas por conectar. Pueden ser celosas y aguantan en las relaciones dependientes, aunque no sean felices.

El apego desorganizado se produce con los padres o figuras de apego que tienen conflictos emocionales internos importantes. Pueden pasar de la negligencia al exceso de cuidado, lo cual hace que el niño lo viva como un traspaso de sus límites. La relación del bebé con la figura de apego suele ser de miedo y desorientación. El niño intenta conectarse, pero a la misma vez la figura le produce terror, en psicología lo llamamos “miedo sin solución”. La única solución es volverse caóticos y desorganizados.

De adultos, perciben a los demás como una fuente de ansiedad y amenaza, pueden tener problemas para regular emociones y predisposición a la violencia. También les cuesta entablar relaciones, a veces buscan cercanía y otras la evitan. Suelen mostrarse como personas tensas que necesitan tener el control.

Si una personalidad con apego inseguro ansioso tiene como pareja otra con apego inseguro evitativo, es muy probable que acaben en terapia o separándose, por la incomprensión de los comportamientos de uno por parte del otro. Por otro lado, dos personas con apego ansioso pueden crear una relación de dependencia poco saludable para los dos.

Como conclusión, si has estado interesado en mis artículos de las ediciones anteriores y en el actual, te habrás percatado de que la base de nuestros conflictos y problemas actuales, está en nuestra infancia. Es fácil poder ver personas de 70 años con la edad emocional de un niño de 10 años, adultos con regresiones espontáneas a su niño interior herido y padres que buscan que sus hijos y parejas les resuelvan las necesidades no resueltas de su infancia. Si resuenas con lo que te cuento, esta es mi invitación a trabajarte a tu niño interior, que tú mismo puedas darle todo lo que necesitó en su infancia, para que puedas brillar como un adulto feliz y pleno.

Este es mi propósito como terapeuta en Psicología Energética, ayudar a las personas a sanar sus heridas, que se conviertan en su propia medicina, viviendo una vida plena y satisfactoria, llena de sentido y liderada por ellos mismos.

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