1 de mayo, día del autocuidado

Araceli

1 de diciembre de 2023
Llegará el día en el que se rompan los patrones que hemos heredado acerca del trabajo y de vivir en el modo supervivencia la vida. Sé consciente de las sensaciones sentidas en tu cuerpo y de las creencias asociadas que pasan por tu mente, al leer la entrada de este artículo o a lo largo de tu lectura si eliges terminarlo de leer.
1 DE MAYO, DÍA DEL AUTOCUIDADO

Llegará el día en el que se rompan los patrones que hemos heredado acerca del trabajo y de vivir en el modo supervivencia la vida.

Sé consciente de las sensaciones sentidas en tu cuerpo y de las creencias asociadas que pasan por tu mente, al leer la entrada de este artículo o a lo largo de tu lectura si eliges terminarlo de leer. Quizá sientas rabia y te conecte con “así va el país” “esta juventud no sabe lo que es trabajar duro” o “esta chica es una viva la vida” …

¿Te suenan algunas de estas creencias?

«El trabajo es salud»

«Mientras tenga trabajo y me paguen…»

«Hay que esforzarse y sacrificarse por el trabajo»

«Un puesto fijo es el mejor»

«Ser funcionario tiene muchas ventajas»

«No importa en qué trabajes mientras cotices para una buena jubilación»

«No hay suficiente trabajo para todos»

«Un trabajo para toda la vida»

«Hay trabajos que generan un estatus social»

«Hay trabajos más importantes que otros»

«El trabajo es lo primero”

Traemos muchas emociones y patrones enquistados en nuestro inconsciente familiar y colectivo, yo tenía el mandato de que tenía que esforzarme para conseguir las cosas y cuando me di cuenta de que había otra manera de adquirirlas y de que solamente yo puedo crearme la abundancia, porque nace nace de dentro de mí cuando me siento y veo abundante a lo largo del día con tantas cosas que había olvidado agradecer.

En el momento en que decidí parar de trabajar, tomarme una excedencia para sanar mi crisis existencias y formarme en lo que realmente me llamaba, contrariamente, los ingresos que entraban casa se vieron multiplicaron por más de lo que ingresábamos mi marido y yo juntos los años anteriores.

Mi interpretación de esto es que cuando nos ponemos en el camino, haciendo lo que pactamos antes de venir a este mundo, el sendero se aplana para que te sea más sencillo transitarlo.

Yo he venido a esta vida a romper muchas de estas creencias que se habían enquistado como patrones heredados en mi familia. Inconscientemente iban a seguir en mis hijos porque ellos no hacen lo que les decimos, absorben lo que observan de nosotros. Una de las cosas que vengo a sanar y que ha estado muy enquistada en el inconsciente femenino de mis ancestras, es el autocuidado. Esto lo llevo a cabo equilibrando mi energía femenina y masculina, ya que esta segunda tiende a imperar más en mi día a día. La energía masculina es la acción, el hacer, conseguir objetivos y resultados mientras que la femenina es más de usar la intuición, dejarse sentir las emociones, su ritmo es más lento y nos conecta con lo sutil.

Una de las veces que me pregunté por qué había dedicado 17 años de mi vida a trabajar como maestra de Primaria, estaba haciendo mucho trabajo de sanación de mi árbol genealógico. Mi nombre se debe a mi abuela materna Araceli, la principal figura nutritiva de mi infancia. Si solamente me quedo con lo que la gente recuerda de ella, se resumiría en una frase “el día que la vida la paró, comenzó su demencia senil”. Y aunque yo he podido descubrir mucha miga debajo de todo esto y muchos patrones repetitivos en mí, también puedo hablar de una parte de ella muy sensible que solamente yo pude conocer.

Mi abuela admiraba profundamente a las personas que se expresaban bonito por escrito. A mí me gustaba escribir mucho de niña y era a ella a la que más le leía mis composiciones, porque las admiraba y le hacían emocionarse. Yo lo sentía detrás de su coraza de “tengo que ser fuerte”.

Un día me pidió que cogiera la carpeta donde guardaba mis poesías y redacciones porque quería que conociera a una mujer a la que ella admiraba profundamente. Era una anciana que casualmente vivía en la calle Cañadilla, cerquita de casa ¡Qué dulzura de señora! Me acogió con afecto y esa tarde la pasamos compartiendo nuestros escritos. Ella me recitaba una poesía dedicada a “La Cruz” y yo le leía la poesía que le había escrito a mi amiga María, que curiosamente vivía enfrente de ella y a la que nunca me atreví a leérsela. Yo era una niña y que dos personas mayores quisieran disfrutar de mis recitales me hacía sentir importante. Mi abuela elogiaba a esta mujer porque escribía muy bien. Se había dedicado durante años a redactar las cartas a las personas del pueblo que tenían parientes emigrantes en otros países. La mayoría de ellas no sabían leer o escribir. Mi abuela Araceli se había dedicado a trabajar en el campo toda su vida y había aprendido a leer un poquito y apenas a escribir. Esto no es ni malo ni bueno, es neutro, lo que tenía que ser. Lo que acarrea consecuencias, es lo que hacemos nosotros con ello, las emociones que nos hace sentir y las interpretaciones que le damos.

Su herida me llevó inconscientemente a sanar el árbol. Un árbol lleno de ancestros que no tuvieron la oportunidad de saber leer ni escribir, habiendo pasado por épocas en las que el conocimiento básicamente estaba reservado a unos pocos. Y quiero distinguir entre conocimiento y sabiduría, ya que lo primero lo relaciono con acumular información y la sabiduría con integrar esta información habiéndola pasado por tu corazón y tus tripas previamente. Esto es lo que nos impulsa a querer dar la sabiduría de manera empática, para que otros también puedan experimentar los mismos resultados que hemos obtenido nosotros.

Ahora, después de haber descubierto que la profesión que estuve ejerciendo durante tanto tiempo, no estaba vinculada a lo que vine a hacer en esta vida, predico con el ejemplo a mis hijos, el ejemplo de que un trabajo puede ser amor por lo que se hace, un servicio que no supone un esfuerzo sino placer y disfrute. Que sacrificarse uno en beneficio de los demás no es amor, más bien es dar tu poder a los demás, esperando que te devuelvan migajas que nunca te saciarán. Que se puede vivir de una profesión que te haga seguir desarrollándote espiritualmente. Cuando estás en el lugar que debes estar, todo se alinea para que las cosas fluyan y por consiguiente la vida se vuelve sencilla y liviana.

Si en estos tiempos que corren, el día del trabajo es fiesta nacional, seamos pues la nueva semilla para que las generaciones venideras celebren el día del AUTOCUIDADO. Ese autocuidado que viene de mirar en lo profundo, el autocuidado de cuando estamos presentes en cada cosa que hacemos, perdonando y abrazando nuestra sombra como una parte nuestra que necesita compasión y escucha. También dándonos espacios de silencio, caminando descalzos sobre la tierra, cuando escuchamos nuestras necesidades y las anteponemos a las de los demás y si nos permitimos poner límites. Cuando sanamos las heridas y los patrones inconscientes que nos limitan, cuando conectamos con emociones que nos hacen vibrar en una frecuencia más alta y además nos rodeamos de personas que nos ayudan a mantener esta vibración. Cuando nos amamos tal y como somos, siendo capaces de reírnos de nosotros mismos, si elegimos cambiar las creencias limitantes que tenemos por un diálogo interno hermoso y por ende por comportamientos más sanos…

El Universo te creó pleno y completo, cuando despiertas el legado de tus dones sanando las heridas del alma, empiezas a sentirte uno con los otros. Entonces ya no te queda más camino que buscar dar tu servicio en beneficio de todos los seres porque es el tuyo propio también.

Para terminar, me gustaría invitarte a practicar un ejercicio que puede ayudarte a descubrir los patrones que has heredado de tus linajes con respecto al trabajo. Consiste en escribir en un papel, de manera automática y sin pararte a reflexionar mucho, las creencias que tienes acerca de este.

También puedes hacerte la siguiente pregunta repetitiva: ¿Qué creencias tengo sobre el trabajo?

¿Quién sabe? Quizá no te sorprendas. Lo que sí te puede sorprender son las reflexiones acerca de cómo han impactado estas creencias en tu vida y si has deseado cambiarlas alguna vez.

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